Por norma general, muchas de la variedades de cultivo que aprovisionan nuestros platos y alacenas provienen de regiones lejanas distintas a los lugares donde ahora se cultivan con éxito.


El ser humano ha conquistado el planeta pero allá donde fuere siempre ha necesitado de alimentos de los cuales aprovisionase, bien recolectándolos o cultivado aquellos que han sido domesticados con éxito y sobre los cuales existe una codependencia, siendo estos la clave de la superviviencia del núcleo familiar.


En términos agrícolas y a nivel planetario, Europa y, en nuestro caso, España es una región secundaria de diversificación agrícola. Quiere decir esto, que nuestro país no está situado en una zona primaria de biodiversidad agrícola desde el punto de vista del origen de los alimentos que consumimos. Sin embrago, debido a: las características de los núcleos poblacionales dismienados por el territorio, a sus formas de manejo de la naturaleza, a las cualidades de la tierra y, a las características geo-climaticas diversas de nuestro paisaje, hemos aclimatado, adaptado y diversificado gran número de especies que hoy representan casi el 100% de nuestra alimentación.

 

Muchas de estas variedades adaptadas todavía conviven con nosotros, en una suerte de coevolución y coexistencia. Muchos agricultores/as visitados/as nos remontan a sus abuelos como custodios de las variedades que ellos/as plantan hoy. A estas variedades que han sido plantadas año tras año, siendo seleccionadas por los agricultores locales son a las que se les ha venido llamando variedades tradicionales o variedades locales de cultivo y siembra.      

Por norma general, muchas de la variedades de cultivo que aprovisionan nuestros platos y alacenas provienen de regiones lejanas distintas a los lugares donde ahora se cultivan con éxito.


El ser humano ha conquistado el planeta pero allá donde fuere siempre ha necesitado de alimentos de los cuales aprovisionase, bien recolectándolos o cultivado aquellos que han sido domesticados con éxito y sobre los cuales existe una codependencia, siendo estos la clave de la superviviencia del núcleo familiar.


En términos agrícolas y a nivel planetario, Europa y, en nuestro caso, España es una región secundaria de diversificación agrícola. Quiere decir esto, que nuestro país no está situado en una zona primaria de biodiversidad agrícola desde el punto de vista del origen de los alimentos que consumimos. Sin embrago, debido a: las características de los núcleos poblacionales dismienados por el territorio, a sus formas de manejo de la naturaleza, a las cualidades de la tierra y, a las características geo-climaticas diversas de nuestro paisaje, hemos aclimatado, adaptado y diversificado gran número de especies que hoy representan casi el 100% de nuestra alimentación.

 

Muchas de estas variedades adaptadas todavía conviven con nosotros, en una suerte de coevolución y coexistencia. Muchos agricultores/as visitados/as nos remontan a sus abuelos como custodios de las variedades que ellos/as plantan hoy. A estas variedades que han sido plantadas año tras año, siendo seleccionadas por los agricultores locales son a las que se les ha venido llamando variedades tradicionales o variedades locales de cultivo y siembra.      

Entre muchas de las características, que trataremos después con mayor detenimiento, podemos anticipar que las variedades locales:

  • Producen descendencia viable y productiva semejante a la de sus progenitores, caso que no   ocurre con las variedades híbridas procedentes del mercado. 
  • Vienen cultivándose tradicionalmente en el territorio, no tratándose de variedades modernas   introducidas.
  • Existe un saber tradicional ligado a la variedad que permite su caracterización, cultivo y multiplicación, además de un mayor o menor conocimiento sobre su manejo y aprovechamientos.